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Ameghino. Bs. As. Argentina - Viernes, 14 Agosto 2020 17:00 hs.
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30-06-2020 | 14:37
 
La nena que a los 7 años la rompe en Estudiantes y en las redes
 
Tiene como ídolo a Messi y, de grande, quiere ser "jugadora de fútbol". El día que invitaron a la capitana de la Reserva a una práctica y Felicitas le tiró dos caños. La mentoría de Bettina Stagñares, emblema Pincha que llegó a entrenar con Bilardo.
 

 Tiene como ídolo a Messi y, de grande, quiere ser "jugadora de fútbol". El día que invitaron a la capitana de la Reserva a una práctica y Felicitas le tiró dos caños. La mentoría de Bettina Stagñares, emblema Pincha que llegó a entrenar con Bilardo.
-¿Qué es lo que más te gusta de jugar al fútbol?
-Gambetear.

Felicitas Flores tiene siete años y es la protagonista de un video que se hizo viral: una nena, ella, baja la pelota con el pie y hace ejercicios de control con la derecha y la zurda, con una habilidad llamativa para su edad. Es una de las asistentes a la escuelita de fútbol femenino de Estudiantes de La Plata, donde, cuenta, le gusta jugar arriba, hacer goles y festejarlos haciendo el avioncito.
En Instagram también puede verse a Felicitas dar clases de cómo levantar la pelota o cómo patear tiros libres. Sus lujos se propagaron como muestra de una transformación social: si las posibilidades aparecen, las niñas pueden desplegar su talento sin prejuicios que se entrometan. ¿El fútbol? De todes.

A Bettina Stagñares, la coordinadora del fútbol femenino del club platense, la idea de crear la escuelita se le ocurrió a fines del 2014. Había sido jugadora del club y después entrenadora del equipo: es una referencia Pincha. De hecho, llegó a entrenar con el plantel de varones cuando Carlos Bilardo era el DT. Como parte de una generación de futbolistas, la ex delantera había sufrido discriminación: hasta su mamá, Beba González, le decía que el fútbol no, que era cosa de hombres. Stagñares fue llamada “varonera” o “machona”, como tantas mujeres que jugaron al fútbol. Y, claro, intento modificar la ecuación: “Yo quería que hubiera un espacio en el club para aquellas nenas que quisieran jugar. Y se nos desmadró. Empezamos el año pasado y no sólo había nenas, sino que confluyeron también mujeres que tenían ganas de aprender”, cuenta. La iniciativa también contó con Roxana Vallejos, ex futbolista de Estudiantes y actual DT de Rosario Central.
A Felicitas Flores la llevaron su mamá, Maby, y Maxi, su papá. Había aprendido a jugar con Federico, su hermano tres años mayor. Cuando tenía 2 años, se metió en la clase que tomaba su hermano. A medida que pasaba el tiempo le dieron una pechera y una pelota. La dejaron participar al principio, en la parte recreativa de la clase. A esa edad ya le regalaron sus primeros botines. Después de jugar en el club Pueblo Nuevo, de Hudson, pasó por Arrieta, de Ezpeleta, y de ahí se sumó al Pincha.

-¿La pasás bien en la cuarentena jugando al fútbol, Feli?
-La estamos pasando bien. A veces tengo tarea y la paso mal. Pero después juego un poco a la pelota y se me pasa.

Gabriela Ramírez es la entrenadora de la escuelita. Con 23 años de carrera en el fútbol se retiró a comienzos de año. Cuenta que Feli, como todas sus compañeras, es feliz corriendo detrás de una pelota. “Es una peque extraordinaria, con carácter, con decisión. Tiene una sonrisa constante cada vez que juega”, la describe.

Hace un tiempo, Ramírez invitó a una clase a Laura Andrade, capitana de la Reserva, de 16 años, a que asistiera a una clase para compartir con las nenas. Cuenta que Felicitas Flores le metió un caño increíble. Cuando la nena recuerda la anécdota corrige a su DT. Dice que le metió dos.

-¿Qué querés ser cuando seas grande, Feli?
-Jugadora de fútbol.
Actualmente más de 60 niñas de entre 4 y 14 años asisten a la escuelita de Estudiantes. El crecimiento del fútbol femenino en el último tiempo invitó a los clubes a abrir el espacio formativo. Puerto Nuevo, Morón y Rosario Central son algunas de las entidades que apuestan a generar estos espacios. En Salta, Central Norte y Popeye también; mientras que Gimnasia y Tiro tiene escuelita mixta.

Para alimentar la pasión, potenciar la posibilidad de soñarse futbolistas y generar identidad con el club, en Estudiantes elaboran estrategias. Una fue organizar un encuentro con la escuelita de varones para que jugaran entre elles. En otra ocasión, en un partido contra Boca por el torneo de AFA, las nenas salieron a la cancha de la mano de las jugadoras de Primera división.

“Ver a tantos padres que apoyan a las hijas que quieren jugar este deporte al principio me asombró, pero ya me acostumbré. Antes era una lucha. Los papás te decían: ‘No, pero es un deporte de nenes’. O: ‘Sos machona’. No te apoyaban, muy pocos dejaban que las chicas hicieran esa disciplina. Es excelente, socialmente cambió mucho la mirada. No sé si ya está visto con naturalidad, pero sí mejor visto. Yo tengo compañeros que me dicen: ‘Me llama más la atención mirar el femenino porque el masculino me aburre’”, dice Gabriela Ramírez. Y agrega: “La lucha no fue en vano”.

La misma frase utiliza Bettina Stagñares: “Saber que ya no padecerán, que sufrirán para poder jugar fútbol, me da una gran felicidad. Es un gran aliciente que me permite pensar y gritar con alivio: ¡la lucha no fue en vano!”. Para la coordinadora, el futbol cambió socialmente gracias a las luchas del feminismo, que acompañan a las mujeres que quieren jugar al fútbol: “Sin ellas todo iría más lento”, dice.
En las redes sociales, Felicitas Flores aparece con la camiseta del Barcelona y con la de Argentina. Las dos tienen la 10 y el nombre del argentino. Con Federico patean tiros libres casi con los mismos movimientos: los dos juegan en el mismo puesto. El hermano que le enseñó a jugar, de hecho, fue goleador dos veces en su categoría.

Cuando a Maxi le preguntan cómo se le ocurrió comprarle botines a los 2 años, contesta: “¿Y por qué no?”. Un día, Felicitas tenía una fiesta y eligió ponerse un conjunto gris. Eso sí, en los pies no quiso zapatos, sandalias o botas. Usó botines.

“Cuando el video se viralizó pusieron que yo entrenaba a Feli. Y no, acá en casa no entrenamos, nos divertimos, jugamos -cuenta Maxi, su papá-. Creo que la difusión vino bien para concientizar a los padres, que por ahí a veces les dicen que no a sus hijas porque son nenas. Para que sepan que es un deporte y un deporte muy lindo. Ellas crecen jugando”.

-¿En qué club te gustaría jugar?
-En el Barca.

A Felicitas le dicen la Mágica, aunque a ella no le gusta mucho el apodo. Lo que sí e divierte es jugar con sus amigas. Mientras rompe tabúes sin pensarlo ni proponérselo, sigue jugando en su casa, practicando lo que más le gusta: gambetear. Toda una declaración de principios.
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